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sábado, 26 de febrero de 2011

No anden agobiados por la vida



Reflexión en torno a las lecturas del domingo VIII del Tiempo Ordinario


© Pbro. Pablo A. Villafranca M


Queridos hermanos y hermanas, nuestro camino por la vida no está exento de reveses y situaciones difíciles y cuando nos golpean las pruebas y agobian los sufrimientos emerge una pregunta espontanea: ¿Por qué sufro? ¿por qué clamo a Dios y siento que él no me escucha? La primera lectura nos presenta al pueblo de Israel «situado» por el drama del exilio en Babilonia y ante el colapso de sus utopías, el derrumbe de los pilares de su fe: su tierra, su templo y su rey exclama: «Me ha abandonado el Señor, mi dueño me ha abandonado» (Is 49,14) Pero Dios no puede olvidar a su pueblo, porque «lo ha amado con amor eterno». (Is 54,8)

El Catecismo de la Iglesia Católica nos recuerda la grandeza del amor de Dios:

Dios es Amor

«A lo largo de su historia, Israel pudo descubrir que Dios sólo tenía una razón para revelársele y escogerlo entre todos los pueblos como pueblo suyo: su amor gratuito (cf. Dt 4,37; 7,8; 10,15). E Israel comprendió, gracias a sus profetas, que también por amor Dios no cesó de salvarlo (cf. Is 43,1-7) y de perdonarle su infidelidad y sus pecados (cf. Os 2).

El amor de Dios a Israel es comparado al amor de un padre a su hijo (cf. Os 11,1). Este amor es más fuerte que el amor de una madre a sus hijos (cf. Is 49,14-15). Dios ama a su pueblo más que un esposo a su amada (Is 62,4-5); este amor vencerá incluso las peores infidelidades (cf. Ez 16; Os 11); llegará hasta el don más precioso: "Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único" (Jn 3,16).

El amor de Dios es "eterno" (Is 54,8). "Porque los montes se correrán y las colinas se moverán, mas mi amor de tu lado no se apartará" (Is 54,10). "Con amor eterno te he amado: por eso he reservado gracia para ti" (Jr 31,3).

Pero san Juan irá todavía más lejos al afirmar: "Dios es Amor" (1 Jn 4,8.16); el ser mismo de Dios es Amor. Al enviar en la plenitud de los tiempos a su Hijo único y al Espíritu de Amor, Dios revela su secreto más íntimo (cf. 1 Cor 2,7-16; Ef 3,9-12); Él mismo es una eterna comunicación de amor: Padre, Hijo y Espíritu Santo, y nos ha destinado a participar en Él». (C.I.C. nn. 218-221).

A pesar de esta maravillosa síntesis del Catecismo de la Iglesia sobre el Amor firme de Dios, esto no evita la zozobra que brota en el corazón del hombre por cosas fundamentales como la comida, el vestido y las seguridades que dan las riquezas.

El Catecismo de la Iglesia advierte como los diversos males que nos afectan y vemos en el mundo:

La providencia y el escándalo del mal

«Si Dios Padre todopoderoso, Creador del mundo ordenado y bueno, tiene cuidado de todas sus criaturas, ¿por qué existe el mal? A esta pregunta tan apremiante como inevitable, tan dolorosa como misteriosa no se puede dar una respuesta simple. El conjunto de la fe cristiana constituye la respuesta a esta pregunta: la bondad de la creación, el drama del pecado, el amor paciente de Dios que sale al encuentro del hombre con sus Alianzas, con la Encarnación redentora de su Hijo, con el don del Espíritu, con la congregación de la Iglesia, con la fuerza de los sacramentos, con la llamada a una vida bienaventurada que las criaturas son invitadas a aceptar libremente, pero a la cual, también libremente, por un misterio terrible, pueden negarse o rechazar. No hay un rasgo del mensaje cristiano que no sea en parte una respuesta a la cuestión del mal». (C.I.C. 309)

En el evangelio Jesús no desconoce la necesidad legítima del hombre de alimentarse o vestirse, pero si se posiciona contra una vida gobernada por la ambición, ansiedad, zozobra y angustia que genera el afán de poseer. Inicia su enseñanza presentando la imposibilidad que presenta el ser humano para servir a dos amos iguales de exigentes pero con intereses totalmente opuestos: el Señor del desprendimiento, del abandono, de la confianza y renuncia a la avidez de poseer y el señor de avaricia, la ambición y riquezas mal habidas, que se acumulan de forma ilícita y corrupta. «No se puede servir a dos señores». El Domingo anterior concluía su enseñanza invitándonos a ser perfectos (del griego Teleioi y del hebreo Tamím: integro, sano, indiviso, perfectos). Hoy entonces se nos plantea la pregunta: ¿Le pertenecemos al Señor de las bienaventuranzas con todas sus consecuencias?

jueves, 24 de febrero de 2011

Hacen falta muchas cosas para conseguir la Paz

Hacen falta muchas cosas para conseguir la paz...

© Pablo A. Villafranca M

Edmund Burke un vez expresó: «Para que triunfe el mal, sólo es necesario que los buenos no hagan nada». Las situaciones de injusticias institucionalizadas empujan a cada ser humano al abismo de la violencia, la pobreza, la alienación y el subdesarrollo. Es por eso que alzar la voz y manifestarse en contra de cualquier forma de violación al orden jurídico que garantiza el orden democrático no sólo es un derecho sino un deber. Cuánta razón tenía Martin Luther King al decir con visión de futuro: « La injusticia, allí donde se halle, es una amenaza para la Justicia en su conjunto. Sostengo que quien infringe una ley porque su conciencia la considera injusta, y acepta voluntariamente una pena de prisión, a fin de que se levante la conciencia social contra esa injusticia, hace gala, en realidad, de un respeto superior por el derecho».

La conciencia social debe estar ligada a la acción de todos los sectores de la sociedad y los diversos actores de la vida pública y la empresa privada para mantener una nación con valores que respeten la justicia, la igualdad y la libertad de todo ser humano, sólo así se edifica una paz duradera y estable, pues de lo contrario lo que se crea es una quimera que terminará devorando como un voraz incendio la convivencia pacífica y el estado de derecho cuyo resultado final será que el hombre se transforma en «lobo para el hombre» (Thomas Hobbes).

En un año electoral debemos estar claros que la principal condición para elegir es "la libertad", pero como E, Burke decía: «La libertad abstracta, al igual que otras simples abstracciones, no puede ser encontrada». Es la libertad de disentir de lo incorrecto, de políticas erradas y que abierta o encubiertamente violan la Constitución política del país; es la libertad de movilizarse para protestar para exigir cambios y reclamar derechos, es la libertad de exigir transparencia en la administración pública y garantías de que existan condiciones para que el voto que se depositará en un urna electoral sea contado y respetado. A esta libertad de conciencia y tranquilidad se llega con el mayor número de observadores electorales nacionales e internacionales acreditados en el país, el tener autoridades fiables y que inspiren confianza por una larga trayectoria de honestidad y competencia en el máximo tribunal electoral, el garantizarle a los ciudadanos su documento de identidad necesario para ejercer su derecho al voto y dejar que en la contienda electoral participen la mayor cantidad de partidos políticos que reúnan los requisitos de ley e inscriban los candidatos que presenten los programas de gobierno que la población pueda conocer para que en con ciencia decida por quien va elegir.

Sin todo esto sólo estaremos ante un teatro donde somos pasivos, indiferentes o manipulables espectadores de una futura tragedia donde no habrá vencedores sino solo victimas.

Si esto no se cumpliera la clase política es la que tendría una respuesta, porque como bien dijo Wiston Churchill « El político debe ser capaz de predecir lo que va a pasar mañana, el mes próximo y el año que viene; y de explicar después por qué fue que no ocurrió lo que el predijo».