
III Domingo de Cuaresma
Si conocieras el don de Dios
Éxodo 17,3-7. Romanos 5,1-2.5-8. Juan 4,5-42
La liturgia de la palabra de este domingo está centrada en el símbolo del agua. En el desierto Moisés golpea la peña y de ella brota agua que sacia la sed del pueblo (primera lectura). Jesús ofrece a la mujer de Samaria un “agua viva” que “brota para la vida eterna” (evangelio). El agua es la realidad que el hombre de la tierra de la Biblia busca con ansiedad continua pues es símbolo y condición de la vida y de la fecundidad. Esta realidad amada y deseada con todo el cuerpo y el corazón del hombre llega a convertirse, por eso mismo, en símbolo de Dios. Para Jeremías, Dios es “manantial de aguas vivas” y no “cisterna agrietada” (Jer 2,13). San Pablo, en el comentario que hace a Éxodo 17, dice que aquella roca de donde brotó el agua en el desierto “era Cristo” (1 Cor 10,4). El agua que Jesús ofrece a la mujer de Samaria, junto al pozo de Jacob, es él mismo, su palabra vivificante e interiorizada por la acción del Espíritu, el don de la vida nueva.
El simbolismo del agua evoca el misterio del bautismo, en donde la palabra de Cristo y la fuerza del Espíritu, presentes sacramentalmente en el agua, símbolo de fecundidad y vida nueva, transforman al hombre en nueva criatura que anuncia al mundo las maravillas de Dios. La cuaresma es por excelencia el momento ideal para una renovada catequesis bautismal que nos lleve a vivir más radicalmente los compromisos de nuestro propio bautismo. Más en http://www.debarim.it/cuar3a_esp.htm
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